El
graffiti como expresión artística y
como medio de transmisión de información, ideas y opiniones ha venido
presentando una serie de numerosos cambios a lo largo de la historia, las
interpretaciones y la naturaleza críptica de este, reflejan la persistente
necesidad incesante de expresar una inconformidad o una idea relativa; a pesar
de ello el graffiti día a día abarca
extensiones geográficas impensables, se transmite, se adueña de los espacios
públicos y privados que a la vista de muchos son inviolables e inaccesibles.
Para
empezar a hablar de evolución primero tenemos que tener en cuenta que este se
divide o tiene dos aspectos fundamentales, los cuales le dan el significado y
la trascendencia; uno de ellos es un desarrollo conceptual, del cual se
desprende la parte socio-cultural; y el otro aspecto es el que tiene que ver
con lo visible, gráficos, estilos, acabados y recursos, orientándose
también al sentido que este tiene y como
se entrelaza con profesiones que tienen relación con las artes gráficas.
Según
la investigación histórica anteriormente expuesta en donde el graffiti era casi que quirúrgicamente
implantado en los vagones del tren de New
York cuyo recorrido aseguraba una difusión y una visualización casi
inmediata, abarcando lugares a los cuales la gran mayoría de artistas
callejeros no tenían acceso; fue pasando de ser un simple “rayón textual” con
el nombre o el apodo de cada uno, para darse a conocer en las calles y entre
“tribus urbanas”, los cuales no tenían una trascendencia conceptual, ni un
contexto ideológico definido, donde no se veía aún un contenido grafico que
acompañara al graffiti. A esta forma
de escritura que apareció en muros y vagones en las estaciones del tren
Neoyorkino se le denomino bombing, y
tiene su finalización en la década de los 60’s principio de los 70´s.
Observamos
con esta nueva ola de creatividad y el despertar de un nuevo concepto que a
finales de los años 70’s los artistas del graffiti
empezaron a incorporar en sus creaciones una parte grafica importante que se
salía del contexto propiamente tipográfico, introdujeron imágenes y
representaciones graficas autorretratistas de quienes pintaban aquellos muros,
personajes de comics y dibujos animados los cuales le daban más fuerza y
emotividad al graffiti, haciéndolo
llamativo a la vista de transeúntes y personas en general.

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