domingo, 31 de marzo de 2013

NACIMIENTO DEL GRAFFITI


En Estados Unidos a finales de los años 50’s e inicios de los 60’s empezaron a aparecer  nombres plasmados por  todas las calles  de la ciudad de New York, los cuales generan diferentes interpretaciones, fueron  odiados por muchos, y al mismo tiempo  vistos como vandalismo, destrucción  de la propiedad ,crearon la sensación de desfiguración urbana;  según el ciudadano común de aquella época, los artistas grafiteros solo eran niños rayando paredes, tenían muchas posiciones frente a este tema, pero en general  a muchos  no les interesa. A otros   les parecía  una agradable  solución para dar vida a aquel paisaje gris de pobreza, monotonía y ladrillos. 



¿Pero qué hay detrás de  esas pinturas?, un grupo de jóvenes entre los diez y los 24 años,  residentes de aquellos sectores marginados por las grandes ciudades,  los cuales decidieron empezar   a  grabar  sus seudónimos o  apodos  en dichos muros con los cuales dejaban una marca propia y le daban un poco de color  a ese apagado paisaje.

Jóvenes,  niños, dirán muchos, pero son más precursores  arriesgados, que tildados de vándalos,  salían con botes de pintura y brochas a  dejar  un nombre o un legado  en una pared  o vagón del tren, con toda la sociedad como enemiga, aquellos  quienes repudiaban este tipo de actos vandálicos, según su parecer, sumándose también a ellos la fuerza policíaca (que les propinaban fuertes golpizas); aunque, “a cualquier  obstáculo se busca otro camino”, ellos  buscaron la forma. Hallar  las maneras de continuar era complicado, escondían sus  pinturas,  viajaban   a extremos de la ciudad,  deambulaban a  altas horas dela noche,  se escondían como  cazadores esperando que  su presa  pudiera ser  firmada. Y  aunque con miedo y gran agilidad, tener su obra a la vista  y la opinión de una sociedad cambiante y crítica, era primordial.



Cuando se masificó este tipo de escritura callejera, el auge de  los grafos marcó también los  edificios gubernamentales,  apareció en vagones nuevos del metro;  se empezaron a tomar represalias contra los grafiteros,  infundando en ellos un miedo y desmotivación, debido a la excesiva persecución, se demoraban más creando su graffiti que alguien borrándolo de aquel sitio.

El estado queriendo combatir lo que conocían como vandalismo y degradación, por parte de los jóvenes grafiteros, gastaban miles de dólares en limpieza de paredes, vagones y pasillos de las estaciones del tren neoyorkino. Pero esta propuesta como solución no perduro,  porque se gastaron más de 10 millones dedolares en solo limpiar graffitis, lastimosamente para la comunidad política, era más importante combatir los graffitis que  los problemas de seguridad, pobreza y hambre de la ciudad.






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